Pobreza energética, pobreza de espíritu

pobrezaHe estado unos días sin calefacción debido a una avería en el depósito de gas. Durante estos cinco días, la casa ha estado entre 10 y 15 grados. Durante estos cinco días he podido sentir cada día, varias veces al día, el frío y sus consecuencias. El frío me ha obstaculizado seguir con mi rutina habitual, me ha dificultado trabajar y me ha impedido descansar. Como consecuencia he estado de más mal humor, más intolerante, más agobiado, menos creativo, menos receptivo y menos sociable.

Durante una semana he vivido por debajo del umbral de pobreza energética. He experimentado lo mismo que están viviendo miles de personas, muchos de ellos niños, ancianos o personas enfermas. Al igual que ellos, cada noche me encontraba una cama helada, por la mañana tenía que cambiarme de ropa corriendo, tenía que calentarme las manos para poder seguir tecleando, nunca llevaba menos de cuatro capas de ropa y tenía que ocultar mi tristeza, rabia e impotencia cuando los niños se quejaban del frío.

En todas y cada una de estas situaciones no podía evitar pensar en las personas que no pueden pagar la calefacción, en las personas que sufren de pobreza energética. Ahora que ya se ha solucionado la avería, sigo sin poder evitar pensar en todas aquellas personas para las que el frío no terminará hasta bien entrada la primavera. Cada noche, al entrar en una cama confortable y cálida, no puedo evitar pensar en las personas que seguirán pasando frío. Y me cuesta conciliar el sueño. Continuar leyendo «Pobreza energética, pobreza de espíritu»

Que no sufra Bárcenas

que no sufra Barcenas

Leo con tristeza unas declaraciones sobre los perjuicios que está sufriendo Luis Bárcenas a nivel personal, familiar, profesional, social y psicológico. No he podido evitar sentir compasión. Al fin y al cabo mi trabajo consiste, en gran medida, en aliviar el sufrimiento. Créanme cuando afirmo que conozco muy bien el sufrimiento humano y sus consecuencias. A lo largo del día veo a muchas personas que están sufriendo. Algunas las conozco, otras muchas no. Las veo en el metro, por la calle, en la panadería, esperando en el colegio para recoger a sus hijos…

Resulta muy fácil identificar a las personas que están sufriendo. Se puede ver en su caminar lento y arrastrado, en sus hombros caídos, en su aspecto dejado, en su pelo sin arreglar, en su barba sin afeitar, en sus ojos tristes y cansados, en el gesto torcido de su boca o en las arrugas de su frente.

Seguro que tú también puedes reconocer a una persona que está sufriendo, es más, estamos programados para poderlas identificar y para que despierten nuestro instinto más compasivo. Incluso es posible que tú seas una persona que está sufriendo ahora mismo por la situación económica y social en la que nos encontramos.

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¿Evitas el amor?

Determinadas personas evitan el amor y otras clases de muestra de afecto y cariño. ¿Por qué ocurre? ¿Por qué muestran dificultades o incapacidad para manifestar amor? ¿Por qué no pueden establecer relaciones íntimas?

He visto a personas que no pueden confiar en los demás. Algunas de ellas tuvieron una relación complicada de la que concluyeron que no valía la penar correr ese riesgo, que no podían confiar en nadie, que estaban mejor solos… Su experiencia negativa ha condicionado su concepto de las relaciones de pareja.

Estas personas necesitan reaprender a relacionarse. Redefinir su concepto del amor, de la confianza y de la intimidad. Posiblemente tuvieron una mala experiencia, pero lo que es peor, la gestión que hicieron de la misma fue peor.

Ante una emoción negativa intensa como puede ser el primer amor o una relación apasionada con un desenlace fatal; nuestra mente reacciona en forma de protección sobre generalizando el origen del peligro y limitando todas las probabilidades de repetir la experiencia dolorosa.

De esta manera establezco conclusiones erróneas basadas en mecanismos de pensamiento distorsionados por un elevado impacto emocional. El proceso más habitual que he podido observar es el de la generalización indiscriminada. Cuando asocias las palabras siempre, todos, nunca o nadie a tu discurso sobre el amor, posiblemente estés generalizando a partir de una experiencia.