Lunes 16 de julio 2018 – La aventura ha empezado

Son casi las doce de la noche y después de una reconfortante ducha me dispongo tranquilamente a compilar todo lo que ha ocurrido hoy, una jornada maratoniana que ha empezado a las 4:30 de la mañana.

En estas últimas 20 horas han pasado muchas cosas, muy intensas y de signo muy variopinto, así que intentaré ir por orden…

A las cinco me recogía Sara en el hotel para ir juntos al Aeropuerto. Sara es una mujer encantadora que viene de La Cerdanya. A Sara y a mi nos unen nuestros perras, hermanas que rescatamos de un destino fatal y que nos han alegrado la vida.

¿Quién nos iba a decir, Sara, que hoy estaríamos haciendo el camino juntos? Bueno a Sara también me une los 900 kms en coche que nos hemos pegado así, de sopetón, por culpa de la cancelación de nuesto vuelo.

Parece que hoy ha habido el caos en el aeroport del Prat y no teníamos ninguna alternativa válida a la cancelacion de nuestro vuelo, así que después de analizar las alternativas y el contexto y valorar que estaría muy feo que el organizador no se presentara, hemos decidido coger la furgo e Sara y cruzarnos toda españa… ¿y sabéis qué es lo mejor? Pues que ni tan solo hemos puesto música. Durante 12 horas no hemos parado de hablar y hablar y hablar…

 Pues después de 12 horas de coche, un café con leche, medio litro de coca cola, un capuccino, un sinfin de whatsapp con el grupo del camino y miles de palabras con Sara hemos llegado a O Cebreiro y nos hemos encontrado con el resto el grupo.

María viene de Santander y me ha encantado su curiosidad expresada en una mirada atenta y en sus estimulantes preguntas, pero no sé si le podré perdonar que se olvidara de los sobaos pasiegos. Esther viene de Murcia y aporta un punto de chispa con su humor y espontaneidad… Creo que va a pasar frío ya que de momento está entre 20 y 30 grados menos de lo que tiene por costumbre en estas épocas. Angelines viene de Castilla la Mancha y tiene esa mirada profunda castellana de quien ha vivido mucho y de quien puedes aprender grandes lecciones.

Pues este es el grupo de aventureros, está compuesto por personas que vienen de los cuatro puntos cardinales, con sus historias, pasados, presentes y futuros, con sus fantasmas y deseos, con sus miedos y tesoros, personas que sin concerse previamente han sido capaces de tomar la misma decisión, una decisión que nos ha unido entre sonrisas y anécdotas, entre preguntas y respuestas…

Personas que explorarán el camino y quizás… algo más…

 Os dejo, me esperan algo más de 20 kms hasta Sarria… Si veis a un grupo de valientes aventureras, sin duda que somos nosotras… Nos encantará charlar y compartir un trozo del camino y de nuestra vida…

 

 

En defensa de los (buenos) libros de auto-ayuda

No puedo empezar este artículo sin hacer una confesión, o dos. He de confesar que durante mucho tiempo huía de los libros de autoayuda como quien huye del diablo. Era una especie de odio aprendido que me llevó a hacer una conclusión (precipitada) sobre el género.

Tengo muy claro de dónde nació ese odio: de la misma facultad de psicología. Yo estudié en una universidad que apostaba por la psicología más científica. Llegué a estudiar hasta ocho asignaturas relacionadas con la metodología científica, el diseño de estudios o el procesamiento estadístico de los datos.

Era un imberbe, joven e ingenuo psicólogo que admiraba a sus profesores y que navegaba por la credulidad del neófito en una materia que se me hacía inabarcable. La psicología es ciencia, oía una y otra vez y hoy, más de veinte años después, sigo creyéndolo. Cuando hablamos del sufrimiento ajeno, todo rigor en el tratamiento es poco. Las aventuras las tengo en las montañas, con las personas con las que trabajo sólo quiero ciencia, respeto y rigor.

Tal fue la influencia de mis profesores que decidí inscribirme en una asignatura que nos enseñaba a realizar publicaciones científicas. Era una asignatura extraña en la que aprendimos la liturgia que se tiene que hacer para citar a un autor entre otros muchos métodos y protocolos.

Eso quedó ahí, en mi memoria, guiándome siempre en la elección de los libros que leía. Nada de auto-ayuda, solo estudios científicos y ensayos.

Pero poco a poco, uno va madurando y adoptando otros puntos de vista. Núria, mi mujer, suele ser la encargada de comprar libros con una rutina que ya ha pasado de madre a hija. A Núria le encanta ir a la casa del libro de Paseo de Gracia o a Alibri, la antigua librería Herder de la calle Balmes, tres o cuatro veces al año y realizar una compra de libros.

Le encanta pasear entre los estantes, coger y ojear los libros, leer páginas al azar y explorar nuevos autores y temáticas. Resulta muy gracioso ver cómo Alicia hace lo mismo. Yo en cambio, soy más comodón. En general no me gusta ir de compras, sea lo que sea, así que desde mi ordenador, compro los libros que necesito. Como un francotirador, voy directo al libro que quiero, explorando más bien poco.

Pues nada más ir a vivir juntos, ya hace 16 años, se nos planteó el dilema de cómo organizar la biblioteca de casa. Fue una tarde interesante, sin duda, que se alargó por varios días. Me entretenía ojeando los libros de Núria mientras ella me iba comentando. Ese no te lo leas, no tiene nada interesante, bueno sí tal concepto. Ese va de neuronas espejo, ese sobre la intuición, ese sobre la autoestima. Lo cierto es que descubrí una gran cantidad de temas y de aproximaciones a determinados temas, que me sorprendió muy gratamente. Ese y no otro fue mi primer contacto con los libros de divulgación y de auto-ayuda.

Tozudo como soy, después de discutir un rato sobre el tema y sobre lo importante que es el rigor científico cuando estamos hablando de la salud mental de la gente, llegué a la conclusión de que había libros científicos, libros de auto-ayuda y libros de divulgación.

El destino quiso que varios años después, concretamente en el 2015, Planeta decidiera publicarme un libro, mi primer libro, Fortaleza Emocional. Estaba muy contento, pero había un tema que me escocía un poco. Lo he llevado en secreto hasta hace poco, pero me molestaba que mi libro estuviera expuesto en las estanterías de auto-ayuda. Lo sé, lo siento, no podía hacer nada, era superior a mi.

Cuando me preguntaban sobre el libro siempre solía contestar algo así como que mi libro era muy técnico para ser de auto-ayuda, pero muy divulgativo para ser técnico y en esa clasificación alternativa era feliz.

El libro salió publicado en abril y en mayo ya tenía una gran cantidad de correos de lectores anónimos explicándome que el libro les había resultado de gran ayuda. Fue una sensación bonita y extraña, extraña por lo desconocido, una vez más, me adentraba en una nueva práctica profesional, disfrutando de la experiencia y analizándolo todo. ¡Todo era nuevo para mí!

Pasaron los años y en 2017 publiqué mi segundo libro, Kintsukuroi, el arte de curar heridas emocionales. Hoy he de reconocer que el planteamiento de mi segundo libro fue completamente diferente del primero. Para mí, Kintsukuroi, fue diseñado específicamente como un libro de auto-ayuda.

De los miles de lectores con los que he establecido contacto he aprendido algo: que el libro les ha sido de utilidad, que les ha ayudado y que si les había ayudado era por diferentes motivos. Algunas personas no podían ir al psicólogo, bien por falta de recursos, bien por falta de psicólogos, bien por miedos y estereotipos; otras personas no necesitaban al psicólogo pero necesitaban aprender y entender algunos procesos psicológicos básicos y algunas personas deseaban realizar un proceso introspectivo en la intimidad, en clave autodidacta.

Así, con este marco conceptual recogido a partir de las interesantes y desinteresadas aportaciones de mis lectores, decidí, por primera  vez en mi vida, hacer un libro de auto-ayuda, sin importarme en qué estantería estaría expuesto o qué sello lo iba a publicar.

Hoy, volviendo la mirada atrás, me doy cuenta de que los libros de divulgación a los que me refería, en realidad, eran buenos libros de auto-ayuda. No ha sido fácil asumirlo, ha requerido de un proceso madurativo, de romper barreras y esquemas y de ser más flexibles con mis grandes dogmas… Dogmas… creo que ya no me queda ninguno…

Bueno el caso es que llevaba días con ganas de compartir con vosotros mis reflexiones sobre el tema, especialmente a partir de un comentario de Andreu Buenafuente que circuló por las redes. Buenafuente, persona a la que respeto y admiro profundamente y él ya lo sabe, dijo que una cena con su banda de música era más efectiva que un libro de auto-ayuda, cosa que creo que es cierta si lo matizamos un poco.

No dudo lo más mínimo de que una cena con su banda sea infinitamente mejor y que le reporte mucho más bienestar que un mal libro de auto-ayuda. Ahora bien, hay varias consideraciones a realizar. La primera, quizás la más importante, la que más urge, es la de definir qué es un buen libro de auto-ayuda.

Ésta es una empresa compleja, sin duda, así que me permitiré compartir con vosotros los criterios que utilizo yo para decidir qué libro leo y cuál no. A priori, cuando elijo un libro, empiezo por el autor. Hay autores que tienen el cielo ganado por dos motivos, o bien por su rigor profesional y científico o bien por su capacidad para inspirarme.

Amigos míos, aquí está mi gran clasificación de los libros de autoestima, los que inspiran y los que enseñan. Los que enseñan son buenos a nivel de contenidos. Los que inspiran están escritos por personas que tienen una historia que contar, una historia que me puede inspirar y movilizar. El problema con los primeros es que a veces la calidad expositiva es algo compleja, el problema con los segundos es que te puedes encontrar con una persona que predica una cosa pero hace otra.

Aquí, sin darme cuenta, acabo de explicar uno de los criterios más importantes, para mi, para descartar un libro. Algunos autores venden su alma al diablo por un minuto de gloria y son capaces de explicar auténticas barbaridades con tal de tener notoriedad y prensa.

Yo, con perdón, creo poco en gurús, ya que la experiencia me ha mostrado, que muchas de las grandes gestas relatadas o de esos estilos de vida tan interesantes, en realidad, están corregidos, aumentados, fabulados o distorsionados. Nunca olvidaré como me sorprendí al compartir mesa con una gurú de la comida sana para deportistas que colgaba en las redes fotos de platos que no llegó a probar mientras se comía un plato repleto de golosinas, después de una copiosa y poco sana comida pantagruélica.

Querido, querida, cuando quieras leer algo inspirador, elige lo sencillo y lo coherente. Si te están hablando de felicidad, mira a la cara de su autor.

Si me permites que abra un paréntesis te diré que te plantees la idea de abandonar la búsqueda de la felicidad, o, por lo menos que redefinas el concepto que tienes de felicidad. He colgado un vídeo en mi canal de Youtube en el que explico con más calma que es mejor buscar pequeñas alegrías que una gran felicidad. La felicidad, por definición, es efímera, ya que si fuera un estado perenne, dejaríamos de comer, de amar, de hacer cosas, hasta morir por su perversa consecuencia saciadora.

Eso sí, busca la alegría e incorpórala; pero si me lo permites, yo escribo para darte herramientas para que seas fuerte y para que tengas recursos para gestionar el día a día con todas sus bellezas y sus miserias. Bajo mi punto de vista, cuando te sientes fuerte, te sientes seguro y si te sientes seguro, posiblemente, sientas algo más cercano a ese constructo artificial y romántico llamado felicidad. Dicho esto, vuelvo a centrarme.

Hay libros que enseñan, son mis preferidos. Lo ideal es que te enseñen algún concepto de manera clara y que te ayuden a asimilarlo, comprenderlo y a transferirlo a tu realidad. Eso no es nada fácil, pero algunos, con un poco de esfuerzo por parte del lector, lo consiguen.

Ante un problema podemos hacer tres cosas. La primera es atacar al origen del problema. Esa siempre es la estrategia de elección. Una cena con la banda de música compensa las consecuencias del problema, pero a la mañana siguiente, el problema seguirá estando ahí. A veces, algunos libros nos ayudan a comprender el problema, nos dan fuerzas para tomar algunas decisiones o como mínimo nos permiten analizar el problema con cierta perspectiva. Mi experiencia me dice que, mención a parte de trastornos mayores, la mayor parte de personas sufren por decisiones que no toman, por la acumulación de problemas no resueltos, de expectativas no cumplidas o de frustraciones no gestionadas. Sí, es cierto, es posible que durante esa cena, una conversación nos permita ganar esa perspectiva. En este caso, sin duda, que será una cena muy provechosa… Pero queridos, Buenafuente, es joven, guapo, famoso y da trabajo, pero una persona sin todas esas virtudes o que simplemente esté deprimida o angustiada, no es una compañía grata, por lo que posiblemente, no encuentre con quien ir a cenar.

Lo segundo que podemos hacer es incidir en las consecuencias del problema, generalmente en clave de compensación temporal. Aquí es donde entran en juego cenas, runnings, juergas, excursiones, caprichos, etcétera. No es una mala alternativa, pero tiene un problema, que genera dependencia y tolerancia, cada vez necesitamos más, ya que los problemas que no se gestionan, crecen y se complican. A veces, solo a veces, y estoy pensando únicamente en temas de salud, no podemos hacer nada por incidir en el origen del problema. Para el resto de situaciones, basta con tener el valor para tomar una decisión que no queremos tomar, aprender algo que no nos damos cuenta o asumir aquello que pretendemos negar.

Finalmente, la tercera opción es la de redefinir el problema y aquí es donde sucumben muchas de las ilusiones de una vida feliz. Redefinir un problema es algo así como adoptar un nuevo punto de vista sobre el problema. Por ejemplo para mi, dar charlas en público no puede ser un problema ya que es una consecuencia de mi trabajo. Como problema me bloquea, como consecuencia me advierte de que debo preparármela muy bien. Trabajar con niños no puede ser un problema para un profesor y si no puede gestionarlo ni redefinirlo quizás deba dejar de hacerlo.

Pero querido lector, la realidad es muchos autores confunden la redefinición de un problema con el autoengaño o la banalización con frases como no es para tanto, hay quien está peor o ignora lo que te pasa y el destino se conjurará para darte una solución, como si Campanita fuera a esparcir polvo de hada sobre tu problema.

Pero a pesar de todo lo que te he explicado, a veces me puede la curiosidad, erro en mis valoraciones o confío en la recomendación de una persona y empiezo a leer libros de autoayuda que, una vez empezados, me doy cuenta de que no pasan ese filtro, especialmente aquellos que no son más que un refrito de conceptos, un compendio de teorías pseudocientíficas o una tomadura de pelo repleta de palabras que suenan bien pero que están vacías de contenido. Pues nada, si es el caso, paso a leer en diagonal a la búsqueda y captura de algo interesante que me siga motivando, pero si no es así, pues ejerzo mi libertad individual a dejarlo a medias.

Dejar un libro a medias no es ningún pecado. Tu tiempo es valioso y escaso como para perderlo en algo que no merece la pena.

Insisto, por si no ha quedado claro, hay problemas y situaciones que ningún libro podrá solucionar… pero para el resto, como dijo Emerson, la lectura de un libro ha hecho la fortuna de un hombre, decidiendo el curso de su vida.

 En conclusión, decir que no te gustan los libros de auto-ayudaes como decir que no te gustan las comedias. ¿Cuántas comedias buenas se hacen al año? ¿Cuántas obras de teatro se hacen buenas al año? ¿Cuántas series buenas emite Netflix? ¿Cuántas novelas buenas se hacen al año? ¿Cuántos programas de televisión se hacen buenos al año?

¿Sientes una mezcla de emociones?

¿Te has sorprendido alguna vez llorando y riendo a la vez? ¿Recuerdas haber sentido miedo y esperanza al mismo tiempo? ¿En algún momento de tu vida has sentido vergüenza y orgullo?

 Parecería que he hecho un listado de emociones contradictorias para marear a mi amable lector, pero no es así, no he hecho mas que describir la realidad tal cual es. Las emociones, querido lector, no son dicotómicas o categóricas en tanto a la experiencia de las mismas; es decir, que podemos estar tristes y abatidos por la muerte de una persona amada, pero a la vez podemos sonreír ante la visita de un buen amigo.

Las emociones son estados de activación física y psicológica que tienen una repercusión en lo que pensamos y hacemos pero que pueden coexistir de manera simultanea ya que representan dimensiones que se pueden dar en paralelo.

 ¿Pero por qué podemos sentir a la vez emociones tan contradictorias entre sí?

Estrés postraumático

Muchas personas están sufriendo estrés postraumático como consecuencia de haberse visto expuestas a una situación traumática, dolorosa o violenta.

El estrés postraumático es un amargo compañero que te abraza y te condiciona lo que sientes, piensas y haces. Esa mirada triste, el silencio, la cabeza baja, las ganas de no hacer nada, la mente dispersa y ese desasosiego…

El miedo se entremezcla con imágenes vividas, la ansiedad tiñe de oscuro los recuerdos que vienen sin pedir permiso, en cualquier momento, distrayéndote de lo que estás haciendo. Te sorprendes mirando al techo, dejas de jugar con tus hijos, te acuestas y eres incapaz de cerrar los ojos, comes como un autómata y eres incapaz de concentrarte en el trabajo.

Carta para los nuevos psicólog@s

Hoy tenía previsto dar una charla en un acto de graduación para psicólogos en Madrid. Debido al parón general organizado en Catalunya como protesta a la violencia vivida el pasado domingo he tenido que anular mi asistencia, igual que a otros actos que tenia previsto.

Como me sabía fatal no asistir a este acto organizado por los propios alumnos con mucho esfuerzo y dedicación les propuse enviar un vídeo con mi charla. Pero lo cierto es que no he tenido ánimo y les he enviado esta carta para que la leyeran si lo tenían a bien.

Una parte de los organizadores han juzgado que querían eliminar un trozo de la carta que a su entender tenia contenido político. Como finalmente no van a leer la carta por estos motivos y  con permiso de mi interlocutora, me permito compartirla sabiendo que no hay nada de política en absoluto, pero sí de denuncia de la violencia, sea con quien sea…

En cualquier caso, futuros psicólogos, aquí están mis mejores consejos después de 20 años de experiencia a nivel internacional…

Lo siento pero no puedo. Lo he intentado, pero no puedo.

Hoy tenia que estar con vosotros compartiendo este momento, pero los acontecimientos ocurridos estos últimos días no me lo han permitido. Quizás éste sea un buen punto de partida para introducir uno de los aspectos más importantes, si no fundamentales, de un buen psicólogo: la sensibilidad.

La sensibilidad, la misma sensibilidad que me tiene con el corazón en un puño desde que viera tanta violencia indiscriminada el pasado domingo. La misma sensibilidad que me provoca una intensa mezcla de emociones que estoy intentando gestionar. La sensibilidad que me atenaza la garganta con un nudo, independientemente de que la terrible represión policial la hayan realizado en Cataluña o en cualquier comunidad autónoma del país en el que resido. Hubiera sentido exactamente lo mismo si los protagonistas de esa triste estampa hubierais sido vosotros, mis queridos amigos Madrileños.

Esa sensibilidad será vuestra mejor aliada a lo largo de vuestra carrera profesional, os hará grandes profesionales, capaces de detectar ese detalle y ese matiz que necesita una buena relación profesional. Por favor, nunca perdáis esa sensibilidad, llorad con vuestros clientes, sentid su misma tristeza y celebrad con ellos sus logros.

Implicaros con cada paciente. ¡Está sufriendo! Os necesita, necesita de vuestra ayuda y soporte, de vuestra implicación y compromiso, de vuestra empatía y vuestra compasión mucho más allá que la sesión de los jueves a las seis.

Cada vez que entras en una consulta o en una empresa, has de priorizar las necesidades del paciente o cliente en vez de las tuyas. Tu paciente ha depositado su confianza, sus expectativas y su esperanza en ti. Lo siento, ejercer de psicólogos no es una profesión apta para pusilánimes.

Sé que implicarse en cada caso tiene un elevado coste emocional para el profesional, pero no hacerlo lo tiene para el paciente. Cuidad de vosotros, recargar vuestra energía, gestionar la fatiga por compasión, esa terrible enfermedad profesional que nos acompañará a lo largo de nuestra carrera profesional. Pero no eludáis la responsabilidad que libremente habéis adquirido con el ejercicio de vuestra profesión.

Tenemos que descansar, que regenerarnos. Entregarnos y recuperarnos. Aquel que vive a medias, aquel que trabaja a medias, sólo será un profesional a medias. Vive y trabaja intensamente, pero prevé, de la misma manera, un momento y un espacio para regenerarte y gestionar las emociones con las que estás trabajando. Algunos psicólogos tan solo van a trabajar, otros son grandes profesionales felices y orgullosos de su trabajo.

Sé que es difícil, pero aquí os introduzco otro de los requisitos básicos de un buen psicólogo: la humildad. La humildad de saber reconocer que somos personas, no superhombres ni supermujeres y que a veces tenemos que dar un paso atrás o al lado para atender a lo que sentimos y pensamos, sin ignorar el mensaje que tiene que darnos esa sensibilidad tan necesaria e importante para el correcto desempeño de nuestra labor.

La humildad para reconocer que no lo sabemos todo y que no podemos parar de estudiar y de aprender. Destina un rato, cada día, para aprender. Cada año me compro diferentes manuales de psicología, a menudo los de la UNED y cada día voy consultando, repasando y actualizándome.

La humildad para no precipitarnos en nuestros juicios y diagnósticos, para no juzgar lo vivido, pensado o sentido por nuestros clientes, la humildad que nos va a impulsar a ganar en perspectiva, en cuestionarnos con actitud crítica lo que estamos viendo, la humildad, la misma humildad, que nos hará grandes profesionales al servicio de personas que están sufriendo.

No quiero alargarme mucho más, pero no querría acabar sin hablar de otro de los grandes pilares de un buen profesional: el rigor. Practica tu profesión con rigor, con el rigor que nace del más profundo de los respetos hacia la profesión y hacia el cliente. Vivimos en un mundo donde queremos tener notoriedad, donde nos vendemos por un minuto de gloria, donde somos capaces de decir cualquier tontería para poder acallar un ego fuera de control y, queridos, los psicólogos no estamos exentos. He escuchado a compañeros decir auténticas barbaridades en nombre de la psicología, tonterías sin sentido que acaban provocando que la gente menosprecie la gran labor que realizamos.

Medid vuestras palabras y recordad que la psicología es una ciencia y que, por poner un ejemplo, sabe que nuestro cerebro reside en un cuerpo, un cuerpo que interacciona con él y que por lo tanto lo determina. Cada vez que un psicólogo asegura que la mente lo puede todo, está incurriendo en un grave sesgo, contribuyendo a que las personas que han depositado en él su credibilidad y confianza, esgriman tal insensatez como justificante de cualquier cosa.

Rigor, queridos, rigor y autoexigencia con respeto a las aportaciones más rigurosas de la psicología.

Podría seguir, me gustaría seguir, pero me sabe mal tener a alguien leyendo esta carta durante mucho rato más.

Por favor, aceptad mis disculpas. Hace algunos meses, veía ilusionado cómo María transformaba su desencanto por no poder tener un acto de graduación en una acción positiva y constructiva como era organizarlo. Transformar la frustración en algo constructivo es digno de admiración ya que lo más fácil es quedarse instaurado en la queja y la ira.

Con ese espíritu constructivo y con una disculpa me gustaría desearos que tengáis una buena carrera profesional, que la ejerzáis a fondo y que podáis aprender de cada contratiempo o adversidad, para que algún día, en ese proceso de crecimiento profesional, cuando miréis atrás, podáis ver que de cada contratiempo aprendisteis una lección que os hizo más bellos y mejores personas.

Prometo compensaros. Cuando todo esto pase y esté más calmado, vendré encantado a Madrid a dar una charla para vosotros a cambio de unas porras con chocolate, eso sí!

Todo lo mejor!

Tomás

PAS, esas malas hierbas de la sociedad.

Hace algunas semanas que oigo y leo sobre las PAS: las Personas Altamente Sensibles. Hace algunos días una persona me envió un correo pidiéndome que dedicara un vídeo a hablar de las PAS y ese mismo día, por casualidad, leí una entrevista a una persona PAS.

He de confesar que he ido madurando el tema, poco a poco, sin encontrar el momento en el que sentarme a organizar todos los inputs que he ido recibiendo; pero esta mañana ha pasado algo, algo que le ha dado forma a la reflexión que he estado construyendo estos días.

Permíteme que me aleje un poco del tema para ponerte en contexto. Esta mañana he dado un paseo por unos prados que tengo cerca de casa, acompañado de mi pareja y de mis perros. Era una mañana magnífica, soleada, clara y con una temperatura muy agradable. Durante el paseo hemos ido charlando de temas varios, jugando con los perros y disfrutando del paisaje.

Andar es bueno para el corazón y también para el alma. Deberíamos poder tener tiempo para dar un paseo diario, ya que mientras andamos, también nos relajamos, sentimos y pensamos. Y eso justamente es lo que me ha pasado, que he sentido y he pensado.

En un campo sembrado por algún cereal, luchaban por hacerse un hueco bellas flores silvestres de color lila, amarillo y rojo. Amapolas y otras malas hierbas a priori… Sí, malas hierbas ya que no son productivas, afectan negativamente a los cultivos y contaminan la recolección de la cosecha.

Malas hierbas, malísimas, hierbajos a eliminar de la faz de la tierra por el mero hecho de que no son productivos… Pero ¿Malas hierbas para quien? Yo solo he visto unas flores preciosas que luchaban por sobrevivir en un hábitat invadido por el ser humano.

Y de repente me he visto pensando en las PAS. Para mí las PAS no tienen ningún problema, al contrario, más tendrían que haber. Algunos estudios apuntan a que un 20% de la población es PAS y la verdad es que pocas me parecen. Después de leer una descripción de una persona PAS me he dado cuenta de que yo encajo perfectamente en ese perfil…

¡Pero yo no me considero un PAS! Yo me considero una persona absolutamente normal o excepcional -según como quieras mirarlo- que no debería tener el más mínimo problema por ser como es.

Sin embargo, lo cierto es que esta sociedad artificial, hiperproductiva, insensible y acelerada penaliza a las personas sensibles. Sí, a aquellas personas que piensan, que analizan, que sienten, que perciben lo que ocurre a su alrededor y que tienen un criterio y un sistema de valores que no quieren perder. A mí me gusta mirar a los ojos de la gente… y de los animales… Cuando miro a los ojos veo a un alma y todo lo que tiene que decirme. Sufro cuando veo a un niño sufrir, me duele el dolor de las personas que tengo cerca, me enfado con las injusticias y pierdo el sueño por culpa de una cabeza que no para de pensar.

Me entristezco, me enfado, tengo miedo y siento asco y rechazo… Pero lo mejor de todo es que no ignoro esas emociones, esos mensajes que las personas que tengo cerca, la sociedad y mi cuerpo tienen que decirme. No niego lo que siento, no me distraigo, no le doy las culpas a otros y asumo mi parte de responsabilidad -y a veces las responsabilidades de otras personas-.

Yo -y los PAS- no tendríamos que ser los raros, ni estar penalizados. Tendríamos que ser los normales, lo más frecuente y quizás así, esta sociedad podría volverse más humana, más sensible, más empática, más prosocial y más compasiva. Los PAS no miramos a otro lado, no nos distraemos con caprichos, no ignoramos lo que sucede a nuestro alrededor, no nos autoengañamos ni mucho menos engañamos a la gente que nos rodea.

Los PAS no somos hipersensibles, solo somos sensibles, humanos y compasivos. Tenemos valores, asumimos nuestras responsabilidades y somos coherentes. Los PAS no somos unos blandengues, ni tan solo somos lentos. No nos precipitamos en nuestras valoraciones, exploramos en vez de enjuiciar, compartimos en vez de competir, cooperamos incluso a sabiendas de que no nos va bien y de que no vamos a sacar nada a cambio. Los PAS no somos obsesivos, pero no podemos parar de pensar en aquello que nos afecta como personas y como comunidad. Nuestra responsabilidad e implicación nos roba el sueño y nos impide dibujar una sonrisa, a veces.

Yo creo que las PAS no son ningún problema, al revés, el problema es que hay pocos PAS y demasiados PAI (Personas Altamente Insensibles), personas que viven sumidos en un egocentrismo que les aísla de todo lo que les rodea, personas que compiten por tener lo mejor, ser los mejores y tener más que el vecino a cualquier precio, sea utilizando la violencia, las trampas, estafando, engañando o robando.

Tenemos demasiados PAI, personas desconectadas de otras personas que buscan la distracción y el ruido para no tener que pensar, personas que se autoengañan una y mil veces al día, que bajan la mirada para no tener que mover un dedo por nadie y que son incapaces de contribuir a la sociedad a no ser que tengan una suculenta recompensa a cambio. Abundan las personas que no tienen amistades, sino contactos a los que explotar. Personas sumidas en su propia ambición capaces de arrasar con todo lo que se le ponga por delante… Personas, en definitiva, desnaturalizadas, capaces de ignorar el sufrimiento humano, incapaces de cooperar por el bien común, orientadas, nada más al enriquecimiento personal sea económico, social, emocional o en cualquier de sus formas más egoístas.

¿Acaso las PAS no son como esas amapolas en medio de un campo de trigo, que les da belleza pero que el agricultor no quiere ni ver? ¿Acaso las PAS no son esas malas hierbas que no han cometido ningún pecado mas que demostrar que otro modelo de vida es posible? ¿Acaso las PAS no son más que incómodas malas hierbas para la sociedad?

Desde aquí reivindico la eliminación de la etiqueta de persona altamente sensible y la creación de una etiqueta descriptiva de Persona altamente insensible deseando que llegue a tener un público anecdótico de no más del 5% de la población.

Mientras estoy revisando este artículo acaba de llegar mi hija con un ramo de flores silvestres, de esas malas hierbas que crecen en medio de los campos de cultivo. He colgado la foto del bello ramo en mis redes sociales (@tomasnavarropsi): la belleza de las flores silvestres de montaña está infravalorada…

  • Papi un regalito. ¿Sabes qué? Hemos visto un gatito tumbado en el suelo. mami dice que está muerto pero yo creo que no, ¿vamos a verlo?
  • No cariño estaba muerto, parecía atropellado, pobrecito… añadió mi mujer.
  • ¿Papi podemos ir a verlo a ver si podemos salvarlo?

¿Acaso mi hija será una persona normal? ¿O una PAS? No lo sé, pero lo que sí que sé es que haré todo lo posible para que no sea una PAI…

Buenos dias, tristeza

Menuda campaña de hostigación, acoso y derribo que se ha organizado contra la tristeza. La tristeza no es mala… ¡Ni mucho menos! La tristeza es una emoción básica que necesitamos para poder vivir felices. Sí, has leído bien.

Hace algunos días realicé un viaje de 600 kilómetros por carretera junto al resto de mi familia. Durante el camino nos encontramos con unas personas queridas y aprovechamos para comer juntos. Al acabar la comida y volver a la furgoneta, mi hija me dijo algo que me dejó muy triste.

 -‘Papá, tú no te has dado cuenta, pero cuando has estado con nuestros amigos has estado más alegre y divertido y me gustaría que lo siguieras estando ahora que ya no están’.

Pues sí. Me puse triste. Muy triste. Los siguientes kilómetros transcurrieron en un silencio triste solo maquillado por un poco de música. Poco a poco Morfeo se apoderó de mi hija y de mi mujer, por lo que recorrí prácticamente 100 kms en silencio, pensando, triste…

Me duele…

Hoy he leído una entrevista que me ha dolido. Era una entrevista en la que un psicólogo hablaba sobre el dolor, la fibromialgia y la fatiga crónica. Sí, me ha dolido, pero no como le duele la vida a una persona que sufre fibromialgia. No ha sido ese dolor sordo que les acompaña de noche y de día. No ha sido ese dolor cruel que espera pacientemente a que se pase el efecto del analgésico tomado con una mezcla de ilusión y desesperanza…

Me ha dolido que dijeran que el dolor es secundario a un estado de nerviosismo, ansiedad o tristeza; cuando la realidad es que el dolor crónico, aquel que te tortura cada día, es capaz de deprimirte, angustiarte, robarte la ilusión por la vida y de cambiarte el estado de ánimo. Trata de recordar tu peor dolor de cabeza, de barriga o de espalda y ahora trata de imaginarte que cada día del mundo lo estás sintiendo, de día y de noche. Trata de imaginarte que te duele el peso de la sábana, el peso de tu pelo y el solo hecho de estar de pie, sentado o tumbado. Trata de imaginarte que no hay manera de descansar y desconectar del dolor. ¿Acaso no estarías angustiado, deprimido o de los nervios?

Quizás algún día nos demos cuenta de que el estado psicológico que acompaña al dolor es consecuencia y no causa. Que un profesional de la psicología no lo entienda así y estigmatice a las personas que sufren dolor me duele.

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Me duele que digan que hay personas que con dos semanas de tratamiento dejan de sentir dolor. No digo yo que no haya pasado, pero creo que tendríamos que matizar qué tipo de dolor sentían. Personalmente conozco a más de una persona que ha utilizado la fibromialgia, la fatiga crónica e incluso la depresión para hacer chantaje emocional y conseguir así captar la atención de las personas que tiene cerca.

Este tipo de simuladores, más o menos conscientes de su simulación, no pueden equipararse, ni eclipsar, ni mucho menos relativizar el sufrimiento de aquellos que no están simulando. Hace unas escasas semanas una “persona afectada de fibromialgia” se curó milagrosamente el mismo día que dejó a su pareja para unirse a otra persona. Permíteme que dude de su dolor, tanto como de su curación.

Me duele que se hagan negocios con el dolor. Con el dolor no se puede hacer nada más que compensarlo conscientes de que de momento no hay mucho que ataje el origen del mismo. Pero ello no supone que se olvide la investigación, más bien lo contrario, tenemos que redoblar esfuerzos para atajar este cancer silencioso y  menospreciado que está matando en vida a millones de personas., destrozando su ilusión, su futuro y sus ganas de vivir.

Me duelen los diagnósticos frívolos y superficiales, prepotentes incluso, en los que un médico se precipita en sus conclusiones y fijándose únicamente en los síntomas más evidentes, concluye que ya no merece la pena seguir investigando en la causa de ese dolor. Me duele la mirada de superioridad e incredulidad con la que un médico escucha lo que un paciente afectado de fibromialgia tiene que explicar. La etiqueta ya está puesta, nada va a cambiar su opinión.

Me duele, mucho más, la crueldad con la que inspectores y tribunales médicos deciden que el dolor que sufre una persona no es para tanto y que seguro que puede trabajar de alguna cosa que no requiera esfuerzo físico, sin tan solo mirar a los ojos de su interlocutor para no tener que ver una mirada cansada, abatida y desesperada que les haga cuestionarse que un día juraron que lucharían contra el dolor, así como la ética de su praxis y al servicio de quién están.

Me duele que no se entienda que la vida de una persona afectada por dolor o fatiga crónica no es vida. Y me duele mucho más cuándo el que no lo entiende es un profesional de la salud que tendría que tener una sensibilidad especial. Aquel que crea que el origen del dolor es psicológico y que la mente puede controlarlo le propongo que realice un sencillo experimento. Si quieres comprobar cómo el dolor puede condicionar toda tu vida y cómo tu mente no puede hacer absolutamente nada para controlarlo, no tienes más que pellizcarte la oreja con una pinza de la ropa, apretarte dos ojales más el cinturón, ponerte unos zapatos de talla menor a la que utilizas o pincharte con una aguja cada diez minutos, durante todo un día. Al final del día trata de imaginarte que el resto de tu vida será así, cada día, cada noche… Y entonces, solo entonces, llegaras a imaginar lo que puede llegar a sentir una persona afectada por el dolor y la fatiga crónica…

Sí, solo imaginar, como la punta del iceberg que asoma por encima del mar, ya que nadie, absolutamente nadie que no lo haya vivido, puede tener una idea de la tortura que supone saber que tu vida estará empañada por el dolor y por la fatiga.

Me duele que la vida te duela. Me duele y me entristece.

Claves para entender y vencer la timidez. Fortaleza emocional aplicada

Me han pedido que haga un vídeo sobre la timidez. Ciertamente la timidez es un problema que afecta millones de personas en todo el mundo. Además determinadas situaciones e incluso determinadas etapas de nuestra vida requieren de una sobredosis de seguridad. Sí, has leído bien, la base de la timidez es la inseguridad y la valoración que hacemos de determinadas situaciones y/o personas.

Si quieres conocer con más detalle como puedes superar la timidez en este vídeo encontrarás recursos que te ayudarán a entender cómo funciona y qué puedes hacer para ganar esa seguridad que necesitas.

Feliz 2018!!!

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Sí, has leído bien. No me he equivocado al escribir la fecha. Te deseo que tengas un feliz año 2018 y un productivo 2017. ¿Quieres saber por qué? Pues porque los grandes logros, no se consiguen de manera inmediata ya que requieren de un proceso. Puedes conseguir todo aquello que te propongas, pero no puedes olvidar que tienes que trabajar para conseguirlo.


Dedica el 2017 a trabajar por aquello que deseas, a dar el primer paso que teimg_5247 acerque a tu sueño, a transformar tus ideas en acciones, tus sueños en proyectos y tus proyectos en realidades. Pasamos demasiado t
iempo dejándonos mecer por el dios de las ensoñaciones y mientras soñamos no hacemos nada para acercarnos a nuestro anhelado deseo.
¡Pues ya está bien de tanto soñar! ¡Pasa a la acción! Plantéate el 2017 como el año en el que darás el primer paso, el año en el que empezarás a trabajar para conseguir vivir tu sueño, el año en el que por fin diste un giro a tu vida.

kintsukoroi

El 2017 va a ser un año muy especial para mi y deseo que para ti también lo sea. En unos días entraremos en el año que jamás olvidaré ya que publicaré mi segundo libro, Kintsukuroi, el arte de curar heridas emoc
ionales. El 7 de marzo estará disponible en las librerías, pero lo realmente importante es que este proceso que se verá culminado en marzo, empezó a labrarse en la primavera del 2016.

 Dedica el 2017 a trabajar en lo que más deseas y verás como el 2018 será un año magnífico que nunca olvidarás. Trabaja intensamente y piensa, ya que la acción sin dirección no sirve para nada.

Trabaja y si en algún momento desfalleces, no dudes en enviarme un mail ya que estaré encantado de animarte en la bella empresa que es tomar el control de tu vida.

Por cierto mientras trabajas no olvides de disfrutar de tu trabajo, de tus pequeños logros así como de las oportunidades que te vaya brindando la vida. Disfrutar el camino es igual de importante que disfrutar del destino. Enriquece tu vida, busca oportunidades para celebrar la vida, añade micromomentos de felicidad en tu día a día y no dejes de sonreír siempre que puedas.

Querido, querida, el 2017 será para mi un año de viajes, intenso en emociones y en encuentros y deseo, de todo corazón, que uno de esos encuentros sea contigo y podamos poner cara a la amistad virtual que tenemos.

 ¡Feliz 2018 y productivo 2017!